lunes, 8 de febrero de 2010

El Coleccionista


En Piazza Spagna, Roma, había un tipo que recorría cientos de veces al día la escalera de arriba abajo. Pasaba desapercibido entre los turistas. Yo solía pasar algunas tardes sentado en uno de los lados observando y fumando habanos, a veces con una amiga bebiendo cerveza. Su cara empezó a serme familiar. Siempre iba con una chaqueta ligera y las manos en los bolsillos. Un día pasaba cerca de mí mientras subía por enésima vez y me miró, yo le sonreí y él se detuvo. Me devolvió la sonrisa y metió su mano en la chaqueta. Sacó un pequeño objeto de metal. Sin dejar de sonreír lo acercó a mi cara y lo abrió. Era un espejo. En apenas un par de segundos me sorprendí sonriéndome, y me volví a sonreír y a sonreírme hasta el infinito, como si me viera entre dos espejos. El lo notó, cerró el espejito y se lo volvió a meter en la chaqueta.

- Otra sonrisa para la eternidad.-dijo.

Ahora le sonreía a él con gratitud y entusiasmo.

- ¿Qué haces? Veo que subes y bajas observando a la gente.

- Busco sonrisas.-respondió.

- ¿Sonrisas?

- Sí, las busco para mi colección y he encontrado la tuya.

- ¡Ah! ¿Pero las coleccionas?

- Sí, en este espejo. Aquí guardo todas las que he visto que me han llamado la atención.

- ¿Y tienes muchas?

- Cierto, tengo muchísimas. Algunas verdaderamente increíbles.

- ¿Ah sí?- yo le miraba con interés y le preguntaba una y otra vez irremediablemente. Pasamos media tarde hablando y me contó mucho sobre sus sonrisas. Me dijo que las tenía de hombres y de mujeres. Con barbas, con carmín, con cicatrices y sin dientes, con sarro y con oro. Me contó que algunas eran tacañas, otras generosas, que muchas eran sinceras, pero que también abundaban las maliciosas, que las guasonas y las tiernas las que más. Hablaba con pasión de todas ellas. Yo me sorprendí de la cantidad de sonrisas que aún no conocía. Me aseguró seriamente que hubo muchas que casi no le caben y al decirlo hizo un gesto con las manos exagerando su tamaño, unos tres palmos.

Al final, cuando ya nos despedíamos le dije que a ver si le pillaba otro día con mi amiga, que tenía una sonrisa preciosa. Él me contestó:

- ¡Perfecto! Pero si no estoy por aquí, estoy por Circo Massimo, coleccionado andares.

6 comentarios:

Raúl dijo...

Hay aficiones que por raras, son entrañables.
Sonrío.

Irene dijo...

Jo, qué bonito... yo también he sonreído al leer.
Besitos.

Sinuosa dijo...

Coleccionar sonrisas no está nada mal, pero coleccionar andares me ha sorprendido. Gratamente.
Saludos.

PD: acabo de comprobar que realmente llevas sombrero. Ni se te ocurra quitártelo, que hace mucho frío.
;)

Jauroles dijo...

Me he entretenido mucho por tu blog. Volveré por aquí.

Saludos.

DanielPérez dijo...

Me gusta mucho como escribes y tu texte también... además que, como los demas, termino con una sonrisa.. esperando que alguien se acerque y me la muestre en un espejo sinfin..

Pásate :D
http://palabrassintinta.blogspot.com/

Elena dijo...

Yo colecciono olores. Los tengo en frasquitos.