viernes, 1 de julio de 2011

Fulanos y fulanas

Fulanito de Tal ha tenido un mal día. Otro. A decir verdad, últimamente lo raro es que Fulanito de Tal tenga buenos días. Hoy ha tenido un día jodido, un día de mierda. En la fábrica. Desde que ampliaron plantilla hace unos años y duplicaron y triplicaron la producción Fulanito de Tal se ha visto superado por sus muchos años y por los menos de otros. Y eso le ha herido. Le ha herido de muerte en el orgullo. Pero él sigue y seguirá soportando lo que sea para seguir pagando facturas y que otro fulano se llene el bolsillo exportando. Desde entonces pasa más a menudo por el bar a beber más de lo habitual y a rajar con más ahínco del jefe, del país, del gobierno, de su mujer, “porque si ella necesita pastillas, él necesita beber”, y de una juventud cada vez más “ignorante y carente de valores”. Para ser más exactos Fulanito de Tal suele tener solo cuatro días buenos al mes. Dos son los días que pasa con sus hijos, los otros dos, los días que va a ver a Isabel.

Isabel es su puta y no se llama Isabel. Porque Fulanito de Tal, al ser “hombre de bien”, solo tiene una puta. Isabel es la única persona en el mundo que sabe cuanto le odia su mujer, cuanto ha tenido que luchar y cuanto ha sacrificado por su familia. Isabel es la única persona que ha visto llorar a Fulanito de Tal en los últimos diez años. Cuando habla de sus hijos. Porque eso sí, por muy jodida que sea su vida, por mucho que le cueste seguir viviendo esa mierda de vida, aun conserva su trocito de cielo en la tierra. El único motivo que le mantiene con vida y queriendo llegar a viejo: sus hijos.

Fulanita de Tal ha tenido un mal día. Otro. A decir verdad, últimamente lo raro es que Fulanita de Tal tenga buenos días. Hoy ha tenido un día jodido, un día de mierda. En la fabrica. Desde que duplicaron y triplicaron la producción, se ha visto superada por sus problemas de salud y la fortaleza de las más jóvenes. Pero eso solo le ha despertado el orgullo y no le importa seguir soportando lo que haga falta para pagar facturas y que otro Fulano se llene los bolsillos exportando. Para ser exactos Fulanita de Tal solo tiene cuatro días buenos al mes. Los dos dias que pasa con sus hijos y los dos días en que recibe carta de europa, sin fallo, de otra fulana que corrió diferente suerte que ella y a la que llama hermana. Que la guerra quedó atrás, pero sus horrores aun le llevan ventaja. Ahora ya, por suerte o por desgracia, ni siquiera puede plantearse seguir sus pasos y ser puta. Desde que usa piernas ortopédicas sabe que muchos hombres no pretenderían “disfrutarla”, porque la lástima y la vergüenza nunca se darán la espalda. Tiene miedo de no volver a ser amada, pero lo considera un pago justo con tal de no volver a ser violada.

Fulanita de Tal perdió las piernas después de la guerra, un día cualquiera, por una de las bombas de racimo fabricadas, en España, por Fulanito de Tal, y que otro fulano importó a su país para que el padre de sus hijos matara y fuera matado durante la guerra en nombre de una u otra bandera. Tal vez nunca sepa quien mato a su marido, quien fabricó la bomba que la descarnizó ni al fulano que se llenó el bolsillo con la guerra de su país. Porque eso no sale en los periódicos que ella buscó para saber. Lo que sí vió en un periódico, en las últimas páginas, fue un pequeño anuncio que tal vez hablaba de su hermana: “Isabel, joven, guapa, africana. Llámame”.

Pero eso sí, por muy jodida que sea su vida, por mucho que le cueste seguir viviendo esa mierda de vida, aun conserva su único trocito de cielo en la tierra que la guerra no pudo arrebatarle. El único motivo que le mantiene con vida y queriendo llegar a vieja: sus hijos.

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